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Ayer tomé un café con mi ex Konstantinos. El es posiblemente el hombre mas bueno, hermoso y sensible con el que estuve. Tuvimos una relación de cinco meses inmediatamente después de salir de mi rehabilitación y yo estaba demasiado ocupado en decidir si queria vivir o no como para poder poner mi energia en una relación. Fue así que decidí que su presencia drenaba (mas que potenciaba) mi energía por lo que tomé la decisión (quizá, la primer autónoma decisión de mi vida) y por el bien de ambos lo dejé ir. Lo cierto es que el también estaba en un momento de necesidad y al poner mi interés por adelante, hice lo correcto pero le rompí el corazón. De todos modos, fue el primer ex en mi vida que siguió estando cerca cuando lo necesité.

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Durante el año siguiente nos vimos pocas veces en las que yo continuaba haciendo uso de una muy serena (e inconsciente) crueldad al demandar atención de una persona que sufría al verme mal. El problema de una adicto en recuperación al principio de su tratamiento es que no tiene espacio para nadie mas que si mismo. Podiamos juntarnos a tomar un cafe y yo hablaba horas de mi mismo sin siquiera interesarme en los detalles de su propia vida. La adicción siempre viene atada a una obsesión con uno mismo al punto de transformarnos en los guionistas, directores y protagonistas de nuestra propia tragedia en la que tanto nuestro final como la gloria de nuestra vida parecen estar, en igual medida, justificadas.

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Tras aquella infame fiesta de la Embajadora Alicia Castro en donde su hija no paraba de mostrar las tetas, cruce Hyde Park desde Picadilly totalmente borracho solo para continuar mi escalada de autodestrucción al punto de decidir  involucrarme en una pelea callejera en medio de la oscuridad con un negro de dos metros, un discapacitado (alcoholico) en una silla de rueda y un perro (estos dos últimos invisibles hasta la mitad de la pelea) En esa pelea  que en mi borrachera pensé que se limitaba solo al ‘peligroso’ africano sub-sahariano, quede en el piso cuando el muchacho en la silla de rueda (a quien no habia, originalmente, visto) apareció por detrás y usó muy eficazmente la cadena de su perro como un látigo cuya punta abrió una herida milímetros de mi ojo, exactamente en el lugar en el que se produce el surco de la lagrima. Esa lagrima de sangre fue posiblemente una consecuencia lógica de haber llorado tanto en los últimos seis meses de depresión, recuerdos de Krishna y soledad. Tambien fue una señal de aquel que tiene la responsabilidad de cuidar de mi desde el mundo de las sustancias y el mensaje era: ‘ya es suficiente!’. Me parece poético que el único rastro físico visible de mi meltdown de la mediana edad sea una herida en forma de lagrima y el HIV, por supuesto. Recuerdo que tras haber perdido el Iphone en la pelea, fui ensangrentado a mi casa y le mande un email a Konstantinos quien a pesar de no estar juntos desde hacia mas de seis meses, ni dudo en venir a cuidarme en medio de la noche. Me lavó la herida y me habló hasta que me dormí. Quiso meterse en la cama pero no lo deje e hice irlo a su casa en medio de la noche.

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Con Konstantinos nunca nos llevamos bien sexualmente. El es un fetichista al que le gusta concentrarse en partes del cuerpo como los pies que, para mi gusto, fragmentan lo holistica que la experiencia sexual debe ser. En otras palabras, en la cama, siempre me encontraba a una pierna de distancia de un tipo increíblemente hermoso que, por alguna razón u otra, nunca podía abrazar y mucho menos penetrar o ser penetrado. Siempre compare a Konstantinos, con esa perfil griego, hombros anchos y piel blanco azulada con el Apollo Belvedere. El era mi Apollo y yo era su Winkelmann. Su cuerpo es fabuloso sin haber nunca ido al gimnasio, su mente es naturalmente analítica (con un padre comunista quien había sido, en su juventud, torturado por el régimen de los coroneles en su Atenas natal) y su corazón es, o mejor, dicho estaba ahí arriba de la mesa esperando que yo lo agarrara pero cuanto mas me queria menos me interesaba. Es como una suerte de maldición de mi vida. Solo me interesan aquellos que están emocionalmente desconectados y esa parece ser la manera de asegurarme de que mi corazón va a permanecer en estado infantil y quedara solo reservado para esa madre a la que tanto idealizo como deseo descartar.

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Más allá de cualquier consideracion, el amor demanda un tipo de sincronización de las temporalidades de dos personas que, al menos, entonces, no podiamos alcanzar.  Mi propia crisis demandaba  toda mi atencion. Por paradojico que suene, mi narcisismo habia pasado de ser un salvavidas de plomo a ser el unico salvavidas posible. Es por esto que no tarde en leer esa distancia fetichista que en la cama el insistía en poner entre nosotros como la materialización de sus miedos internos a hacer el amor con alguien infectado de HIV. Creo que la peor discriminación que el HIV trae es la auto-estigmatizacion que nos convierte en los San Franciscos de nuestra propia vida esperando un Arcangel que parece nunca llegar. Nada estaba mas lejos de la realidad. Es cierto que el tenia sus temores pero yo estaba aterrado de mi mismo. Ayer lo vi y está mas lindo que nunca. La vida sigue. J A T