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Analizar la obra de Ricardo Siri, alias Liniers, en tanto obra vendida en ArteBA plantea cuestiones fundamentales sobre la naturaleza del arte.  En este articulo me interesa, sin embargo, hacer un análisis visual de una imágen que sorprendentemente mereció un articulo monográfico del diario en el que no sólo trabaja sino en el que también su padre es Sindico.

En un articulo firmado por Franco Varise para el diario que comanda el papá del protagonista de la nota intitulada ‘El ilustrador argentino Liniers llega a la tapa de The New Yorker’, el mencionado autor dedica los primeros dos parrafos a contarnos cuán prestigiosa es la revista The New Yorker desde sus inicios hasta la fecha. Como si esto fuera poco, el tercer párrafo nos indica cómo debemos reaccionar como lectores al decir: ‘El tema de la portada de Liniers explotó en las redes sociales. Y desde su cuenta en Twitter (@porliniers) el autor agradeció a cientos de seguidores que lo felicitaron’. Y remata: ”Para los ilustradores, la tapa de The New Yorker es el Santo Grial de nuestro métier. Es algo que miramos siempre de lejos y sin ninguna ilusión de llegar a hacer nada en esa revista más que comprarla de vez en cuando. Así que la serie de situaciones que se fueron dando para que yo publique esta tapa fueron encaradas con una fuerte dosis de incredulidad”. Esto significa que si Liniers ya consiguió el Santo Grial, el diario de su padre, en el acto de dicho reportaje se convierte en el Evangelio según San Juan. No será mucho?

Sin embargo, al desahacerse en halagos a si mismo, Liniers, quien claramente cuenta con el aparato del Diario La Nacion de manera discrecional, ignora referirse a la imagen y es a esto a lo que quiero dedicar mi articulo. En esta critica sostengo que la tapa de The New Yorker de Liniers es una suerte de autorretrato psicológico en donde su Weltanschaung es expuesto de una manera sumamente candorosa e inocente, al tiempo, que expone una serie de valores profundamente tradicionalistas y, directamente, afines a los aspectos mas reaccionarios del diario que ilustra y que lo ha alimentado durante toda su vida. Digo esto porque la tapa de The New Yorker de Siri/Liniers tiene la estructura compositiva de,  por un lado, un árbol genealógico (recordemos que él se hace llamar como un heroe patrio recordandonos la ‘nobleza’ de su sangre)) y por el otro, el armado de la imagen refiere visualmente a una suerte de ‘red’ (network?) que funciona integrando pero tambien excluyendo en el que ‘una mano sostiene a la otra’ pero juntos excluyen al resto. Esta imagen es un autorretrato de una familia prebendaria. Los Siri Liniers.

A primera vista, esta es una imagen cool, en el sentido mas anodino de la palabra, en el que personas de diferentes religiones, razas y profesiones parecen viajar juntas en el underground neoyorkino que ‘democratiza’ todo. Sin embargo, en el extremo superior tenemos la verdadera fuente de autoridad y poder cristalizada en el nombre del medio “The New Yorker’ que, en palabras de Liniers, es el Santo Grial y, por supuesto, en su ilustración ocupa el lugar del Cielo. Qué sucede si a los fines del autorretrato desplazado de Liniers, decidimos cambiar ‘The New Yorker’ por ‘Diario La Nación/Ricardo Siri Padre’. Es como si el poder desciende como en un arbol genalogico. El poder, para Liniers, se hereda y se delega casi sin esfuerzo. Esta tapa gusta a The New Yorker porque su pluralismo erradica de plano todo conflicto.

Sin embargo, el autorretrato familiar se hace mas fiel ya que a la izquierda tenemos un personaje vestido con los anteojos y el gorro hipster/nerd Pichotesco de Linieres y a la derecha tenemos a una figura interracial pero mas retóricamente cool que sostiene a una figura femenina, también retóricamente bella (bailarina de ballet que puede fácilmente hacer referencia a las apariciones fallidas en TED de la novia de su hermano Pia Mancini, supuestamente, la culta de la familia) pero que no tiene ni la altura ni la dimensión de las figuras de los extremos (es decir, el y su hermano, el creador del Partido de la Red). La estructuración en forma de red de la imagen hace también referencia a esa devoción casi psicotropica por las redes digitales y sociales. En sintesis, creo que es necesario ver las imágenes de Siri en clave mucho mas personal de la que aparentemente plantean tener. Siri uso la tapa de The New Yorker como un escudo de armas, del mismo modo en el que uso el apellido de su ancestro prócer a los fines de garantizarse la mayor presencia en los medios (esto con el apoyo de papa y los imbéciles que parecen darle trabajo a todos estos). Just a thought.