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Channel 4 estrenó anoche una de sus series documentales más polémicas,«My granny the scort» («Mi abuela, la prostituta»), un retrato «sincero», anuncia la cadena, sobre tres mujeres octogenarias que se siguen dedicando al oficio más viejo del mundo, en habitaciones de hotel y en sus casas, aunque siempre «dentro de la legalidad», aseguran. Todas ellas aseguran seguir disfrutando del sexo, aunque también reciben dinero a cambio de ejercer de acompañantes, para salir a cenar o de fiesta, o simplemente por dar conversación.

El programa se pregunta cómo pueden estas mujeres de la tercera edad hacer compatible su oficio (casi siempre nuevo, después de pasar por otros empleos o de enviudar) con llevar una vida más o menos familiar, como madres y como abuelas. Sus clientes, explican, son hombres de todas las edades, a veces veinteañeros, por lo que la serie también investiga las motivaciones de estas personas. «Mi abuela, la prostituta» entra en las casas de estas mujeres y descubre cómo viven, qué sienten y por qué se resisten a jubilarse, pese a que no siempre necesitan el dinero para mantenerse.

Sheila Vogel-Coupe, una de las protagonistas, de 85 años, asegura que gana 250 libras a la hora (más de 300 euros) y que tiene una media de diez clientes a la semana. «Me siento sola y me gusta la compañía de un caballero, pero si quieres asber la cruda verdad, lo hago porque me encanta el sexo», asegura. «Solo pensar en ello me hace sentir mejor». Lo más sorprendente de Sheila es que debutó en el oficio hace solo cuatro años, después de dos matrimonios felices.

No es el primer programa de Channel 4 que despierta alguna polémica. En febrero, el canal estrenó otro documental que exploraba los tratamientos para «curar» la homosexualidad de la mano de Christian Jessen, un conocido médico y presentador televisivo gay.