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TEXTO DE HORACIO CECCHI/ PAGINA 12 AÑO 2007

‘El dato no era erróneo. Durante la mañana de ayer, los investigadores que siguen las pistas del robo de pinturas municipales en Bahía Blanca, lograron recuperar siete de las treinta obras denunciadas por la intendencia bahiense en mayo pasado. Las hallaron, tal como les habían sugerido, en un departamento de la calle Zapiola 567, cerca del centro de Bahía. En el lugar, además, encontraron un octavo lienzo que no integraba el grupo de obras denunciadas y que, era obvio, no estaba en el lugar en el que legalmente debía estar. Entre las siete obras denunciadas y recuperadas se encontraban las dos más valiosas y conocidas del grupo: Pullover negro (1960), de Antonio Berni, y Carlos Pellegrini (1908), de Eduardo Sívori. Si bien el hallazgo de la octava pintura pudo haber sorprendido a los investigadores, la verdadera sorpresa la llevaron el dueño de casa, tío de uno de los detenidos, postrado en su cama por invalidez, y la enfermera que lo atendía, que abrió la puerta cuando llamó la policía. Por la tarde, en territorio porteño, se produjeron tres allanamientos más, en dos departamentos y en la galería de arte Roldán. Hallaron el triplicado del remito del óleo de Berni.

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El caso es complejo: el incendio del despacho del intendente Cristian Breitenstein, el 13 de mayo, abrió una investigación en la fiscalía de Eduardo Quiroz. De allí surgió, primero, que el Quinquela Proas al sol se había quemado y después, que en realidad se había hecho humo, lo que es diferente. Curiosamente, 16 días después, el secretario de Legal y Técnica bahiense, Iván Budassi, denunció en la UFIJ 4, de Emilio Marra, la desaparición de 30 pinturas de los depósitos del Museo de Bellas Artes municipal, que se encuentran en el mismo edificio de la intendencia.

Marra ordenó profundizar la búsqueda en el mismo municipio y, días más tarde se descubrió que de los 30 lienzos denunciados como robados, 13 no estaban en esa condición sino que habían quedado o bien traspapelados entre otras carpetas, dentro de los mismos depósitos municipales (12), o bien colgado de la pared del despacho del jefe de la Departamental bahiense (1).

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El sábado pasado, entre tanto, los investigadores encabezados por el jefe de investigaciones Hugo Matzkin, bajo las órdenes de Quiroz, detuvieron a Edith Silva, de 53 años, en Punta Alta, partido de Coronel Rosales, y a Daniel Ghietto, de 36, en Bahía Blanca. En Coronel Rosales los investigadores detectaron documentación que los llevó hacia territorio porteño. Allí, ese mismo sábado, respondiendo a la solicitud de Quiroz, la división Patrimonio Cultural, de Interpol, encontró en poder de Sebastián Bocazzi, socio gerente de la galería de arte Roldán, de Juncal 743, Retiro, al Proas al sur de Benito Quinquela Martín. Bocazzi lo había comprado por 39 mil dólares, una bagatela si se considera que el valor supera los 100 mil de la misma moneda. Pero que no sospechó hasta que se dio cuenta y lo denunció a la policía.

Entretanto, los indicios fueron devolviendo la investigación hacia Bahía, pero en manos del otro fiscal, Marra. Aunque los detenidos aún no habían sido indagados en relación a la causa de los 30 robados menos 13 encontrados, algún indicio por el lado de los detenidos llevó la pista hacia la calle Zapiola 567, cerca del microcentro bahiense, a un departamento propiedad de un tío de Ghietto. El hombre, mayor de edad, se encuentra postrado en su cama por invalidez y es atendido por una enfermera. “¿Podrá ver quién toca la puerta?”, habrá dicho el tío de Ghietto. Y la enfermera habrá preguntado “¿quién es?” Después, la sorpresa. El batallón de policías investigadores. Los hombres encontraron en otro cuarto, dentro de una caja, prolijamente ensobradas, seis pinturas del grupo de las 30 denunciadas por Budassi, y una más, Peras, de Juan Grasso Lepanto. “La robaron –confió a Página/12 un investigador–, pero no está denunciada dentro del grupo de las treinta.” Aunque restan pericias específicas, ya se determinó que la obra formaba parte de la colección municipal, porque por detrás del marco aparece la etiqueta con el número de inventario municipal. “Lo que tenemos que averiguar –agregó la fuente– es por qué no fue denunciada.”

Las seis restantes, ensobradas y sin marco, son Carlos Pellegrini, de Eduardo Sívori, una de las dos más importantes del grupo; Doana Adela Grigorin, de Constantin Stahi; Calles del Norte, de Escobedo; Marina, de Patrachi; El moño amarillo, de Vicente Manzorro; y Athena Neantzu, de Octavio Blanctla. Fuera del grupo, la única pintura con marco, es quizás la más importante de las 8 rescatadas, no sólo por su valor artístico sino por los indicios que trajo aparejados: Pullover negro, de Antonio Berni.

Es que el óleo de Berni figuraba en un remito secuestrado en casa de Silva, la detenida por vender el Quinquela a la galería Roldán, con lo que los dos detenidos pasaban a reunir de golpe las dos causas. Es probable que en las próximas horas incluso la calificación por encubrimiento que pesa sobre los dos detenidos sufra alguna variación. De todos modos, no está probado que hayan sido los autores del robo, y entre las sospechas figura la que apunta contra algún o algunos empleados municipales que puedan haber entregado las obras. “Nadie sale con tantas obras caminando como si nada”, señaló la fuente.

Con el hallazgo de las siete recuperadas, más las doce traspapeladas y la que colgaba en la Jefatura Departamental, de las treinta denunciadas por Budassi, falta recuperar diez. Por otro lado, se recuperaron otras dos, el Proas al sol, de Quinquela, y el Peras, de Grasso; una hecha humo pero no quemada, y la otra ni siquiera dada por perdida, pero robada.

Los indicios llevaron a Marra a pedir una serie de allanamientos, esta vez, a distancia. Se cumplieron en territorio porteño, de la mano de los federales de Interpol. Ayer, cayeron de nuevo en la galería Roldán, de Juncal al 700, y en dos departamentos del staff de la galería. “No encontramos demasiado”, señaló uno de los investigadores a este diario. “Fundamentalmente, el triplicado del remito del Pullover negro”, cuyo original había llevado a la pista de la calle Zapiola y empezó a unir las dos causas. Los investigadores aseguran tener más indicios que no pueden revelar. El tiempo sabrá a quién pintarle la cara.’